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José Dubach llegó desde Suiza para implementar un proyecto de quesería rural en Ecuador.

Recorrió todo el país y no encontró donde hacerlo.

Llegó a Salinas y ahí se quedó.

José Dubach era suizo. A inicios de la década de los 70, la Cooperación Suiza presente en Ecuador le envío para estas tierras; su misión: buscar un espacio donde implementar un proyecto de quesería rural. El experto se dio una vuelta por todo el territorio y no encontró el lugar. Su informe con el resultado fue negativo.
Dada la amistad que Dubach tenía con los voluntarios italianos, éstos le dijeron que probara en Salinas. Allá llegó el suizo y se enamoró del entorno. En ese entonces, no había las condiciones de carretera, electricidad, agua potable, no reunían esas condiciones, pero había algo mayor, el corazón de la gente.
Un caballo, “Estrella” se llamó el corcel, fue suficiente para que José recorra las 40 mil hectáreas, visite los páramos, se enamore de la geografía y decida emprender el proyecto quesero. José Dubach, Antonio Polo y Estrella, son los que cambiaron la realidad del pueblo.
Este proyecto de emprendimientos es el paso más grande que dio Salinas, uno de sus secretos fue nunca cerrarse, más bien abrirse a varias alternativas de producción; entre ellas no quedarse con el proceso de los 5.000 litros de leche que la zona produce por día; con esa producción no fueran conocidos.
Ahora, el grupo abarca 200 queseras, en siete provincias, que procesan al rededor de 50.000 litros de leche con la marca “Salinerito”. Esto es lo que les da presencia en el mercado. “La única manera de crecer ha sido esa y favoreciendo a campesinos”, dice Chuñir, oriundo de Cuenca, salinero de corazón, quien se
encarga de revelar los procesos de crecimiento de Salinas..
¿Cuando nació la corporación?
Hace diez años atrás y nació de la necesidad de autorregularnos. Cada una de las organizaciones empezó a crecer de manera desordenada; poníamos tiendas, nos peleábamos por los mismos clientes porque comenzábamos a producir, había una competencia interna voraz, desleal incluso. La organización crecía en forma desordenada y hace diez años hubo la obligación de regularla, por eso Salinas no es un proyecto, es un proceso, hasta ahora seguimos aprendiendo y vamos adaptándonos según las circunstancias del tiempo; lo que buscamos es canalizar de mejor manera y especializada, los apoyos y ayudas que necesitan nuestras comunidades. Nuestro fuerte de El Salinerito es dar el valor agregado a las materias primas.
¿Cuál fue la estrategia para la unión?
Sentimos la necesidad de auto regularnos, la situación era insostenible, eran cinco organizaciones, ahora somos seis. Hubo la necesidad de la auto regulación, poner un pare y diez años atrás dijimos basta, formando la Corporación Grupo Salinas.
¿Cómo es la relación con ellos?
Es una relación de asistencia técnica y acompañamiento, ellos son los dueños, mientras mayor cantidad ofrezcamos al mercado todos salimos ganando, esa es la filosofía en Salinas.
¿Ahora hay una sola marca producto?
Se llama Salinerito y está regulado, patentado. Destruimos todo ese sistema de comercialización ambiguo que teníamos y entre las seis organizaciones creamos dos unidades comerciales legalizadas. La una es Cona, Comercializadora Nacional; y la otra es el Centro de Exportaciones, dedicados a exportación. Nos empeñamos a producir y evitamos los líos de buscar mercado y pelear por los mismos clientes, de esa manera salimos favorecidos.
¿Estas iniciativas se trabajaron con las etnias del lugar?
Sí. El 90% de la población salinera es indígena. Tomabelas, warankas, panzaleos, puruháes y el 5% somos mestizos.
¿Cómo ha sido el trabajo desde la cultura de cada uno de ellos para mantener el proyecto?
Hay una inspiración cristiana e intelectual cuya base es el padre Antonio Polo, salesiano llegado en 1971 a Salinas y lo hizo con ideas muy novedosas. Antes de 1970, Salinas era un pueblo sumido en la pobreza, la migración era alta. En ese entonces, la juventud salía a los ingenios a cortar caña, a cargar naranjas, era un pueblo fantasma. Los jóvenes contaban que venían una o dos veces al año a visitar a la familia y regresaban a los jornales.
¿Se perdía la cultura y la identidad?
Se perdía todo, venían con otras modas y formas de vestir; siguiendo un poco con esta orientación cristiana, el padre Antonio Polo llegó con la experiencia de sufrir en su niñez, los estragos y efectos de la segunda guerra mundial en Europa, cuando Italia quedó devastada y la única manera de salir de la pobreza fue haciendo cooperativas. Esas ideas plasmaron fuertemente en la cabeza del padre Antonio que, cuando llegó a Salinas, encontró un pueblo parecido al tema de guerra pero sin armas; mucha pobreza, falta de oportunidades, marginación, altísimos tasas de muerte materno infantil.
¿Qué fue lo primero que hizo el sacerdote?
Motivar la creación de la Cooperativa Salinas en 1972, apenas año y medio de estar allí, en el territorio de Salinas, donde la única fuente de ingresos de la gente era prestar apoyo a los patrones, los Cordovéz, para de alguna manera extraer la sal mineral de la minas que existen en Salinas.
¿Así como se impulsó el progreso se impulsó a mantener la cultura e identidad, a través de su lengua, tradición oral y otros aspectos?
Hubo un cambio a raíz de la venida de los italianos, se dio una transformación en la forma de pensar de la gente; manifestado en el principio que todos somos iguales y todos tenían las mismas oportunidades de desarrollo, ese era el discurso que desde la iglesia manejó el padre Antonio Polo y en ese sentido se hicieron las cosas.
La ventaja del padre Antonio es que es un sacerdote que “no sabe hacer nada”, pero tuvo la genialidad y es el arquitecto que construyó Salinas. Ahora tenemos al rededor de cien micro empresas comunitarias, producimos 12 millones de dólares anuales en ventas de productos El Salinerito.
La propiedad de la empresa es comunitaria, no hay patrones ni dueños individuales, los dueños son las organizaciones y la misma gente. Es complejo entender el sistema salinero, pero funciona de manera comunitaria, cooperativa.
¿Ellos mantienen sus raíces y formas de vida?
Se ha respetado mucho la falta de pensamiento y en el tema de la Fiesta de los Reyes, Salinas dedica dos días al año a los hermanos menores. Los hermanos menores son la gente de otras comunidades que no han tenido la oportunidad de los que viven en el casco parroquial, para que se reúnan una vez al año durante dos días y compartan.
¿La gente conserva su identidad con el trabajo?
Conservan su identidad. En eso nosotros no somos quienes para poner nueva cultura y forma de pensar, ellos conservan su identidad, lo que hacemos es respetar y apoyarles para que sigan adelante.
¿Cómo se encaminó el sistema en una comunidad donde la gente servía al patrón y ahora tenía su propio proyecto de producción,?
Esa fue la idea que se implantó desde los voluntarios salesianos extranjeros, que necesariamente tenemos que responder y no necesitamos dádivas, pidiendo caridad; sino que somos capaces de transformar nuestro propio desarrollo, nuestra propia realidad, esto fue incentivando y creando empresas.
¿Si ya estuvo la cooperativa, la quesería, cómo se orienta a la textilería?
Había necesidad de dar oportunidad a la juventud de ese entonces y ya teníamos la quesera, pero en ella no había como emplear a tanta gente. Ahí se abren otros espacios y alternativas productivas, para que los jóvenes se involucren y tengan una actividad de trabajo, así empezó el tema textil, comprando el hilo de lana en Ambato. Cuando íbamos a comprar hilo decíamos, ¿por qué no podemos hacer hilo nosotros? Entonces ahí se creo la necesidad de buscar maquinaria para implementar una planta textil que ahora la tienen.
¿Hay que criar alpacas?
La normativa del Estado que decía que después de los 3.800 metros sobre el nivel del mar ya no podemos tener animales, con eso hubo un descenso de la población animal ovina y de alpacas. Lo que hicimos como estrategia es salir a Cotopaxi, Tungurahua Chimborazo y Bolívar en busca de materia prima, encontramos productores y las ganas de salir adelante. Nosotros hacemos una transferencia de conocimientos gratuito, les decimos, ustedes reúnen la lana, formamos un centro de acopio, les dimos capital pero a pesar de eso se escapaba la lana por otro lado. Por eso tenemos la intención de fidelizar a nuestros productores para que la planta no carezca de materia prima, a cambio de una asistencia técnica gratuita, esa es la relación que a funcionado y está manteniendo.
¿El proyecto de producción no se queda solo en Salinas?
Hemos recibido visitas promovidas por el Instituto de Cooperación para la Agricultura, ICA, de grupos de Guatemala, Honduras, El Salvador, Chile que vienen a conocer la experiencia salinera, y cómo replicar ese proceso. A este nivel estamos internacionalizados con este proceso. Una de las fortalezas fue, que cuando llegaron los voluntarios a Salinas encontraron personas no contaminadas de clase política, ambiciones personales por eso se desarrolló de mejor manera el proceso. Salinas tiene otro secreto, no repartición de utilidades, atención a los socios, los excedentes- por lo menos el 60%- tienen que ser re-invertidos en la actividad productiva. Hay algunos valores salineros que nos sirven para mantenernos fuertes.
¿Esa es la visión de crecimiento?
Sí. Nuestra visión de crecimiento radica en consolidar el proceso interno que tiene Salinas, para ofrecerle afuera. Si a nosotros este proceso nos ha durado 40 años y queremos implementar en otros lugares del país y del mundo que no dure 40 años, porque ya hemos vivido la experiencia, hemos transitado sobre los mismos problemas de personas, intentamos transmitir conocimientos para que dure cinco años. Ese es el gran sueño que tenemos.
Fuente http://www.elmercurio.com.ec/