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En Salinas de Guaranda, en zona andina ecuatoriana, la cooperativa Salinas, una marca cambia la historia de un pueblo.

Las pequeñas comunidades que hace 40 años vivían al borde de la miseria al servicio de un terrateniente 

Erase una vez un pueblo metido dentro de una fría nube. Sus habitantes vivían bajo un sistema semi-feudal, trabajando para el señor de la hacienda y pagándole el uso de sus pequeñas parcelas con sal. La sal procedía de las salinas que dan nombre al pueblo. Los hombres se dedicaban a cortar la leña con la que las mujeres cocinaban la sal.

En la década de los setenta todo cambió. Animados y guiados por el padre Antonio, un voluntario salesiano italiano que se quedó y aún hoy sigue en Salinas liderando este proceso de más de cuarenta años, los campesinos se organizaron para exigir los derechos de explotación de las salinas, reivindicando que la mina de sal no podía ser privada. Así se fundó la Cooperativa Salinas, en forma de cooperativa de ahorro y crédito, no porque los socios tuvieran mucho que ahorrar, sino porque era la figura legal que más les convenía. El proceso de emancipación de la hacienda ocurrió a la vez que en muchos otros rincones del país. En Salinas se quiso buscar una vía pacífica, por lo que los campesinos compraron las tierras al hacendado (dejando de lado otras opciones como podría haber sido la ocupación) y, a la vez, la cooperativa pudo canalizar créditos del gobierno con los que los campesinos, además de las tierras, empezaron también a comprar algunos animales.

Para aquellas alturas el negocio de la sal andaba por los suelos, sustituida en el mercado por sal marina, y estaba claro que la deuda que el pueblo había contraído no se podría pagar solamente con la actividad agrícola.

Desde ese momento, el padre Antonio impulsó, apoyado en la cooperación internacional, fundamentalmente italiana, la creación de pequeñas empresas que procesaran las materias primas que generaban las comunidades. La estrategia es vender productos elaborados: añadir un valor agregado, en vez de vender las materias primas en crudo, y generar ingresos para el desarrollo de la comunidad. Así, en el año 78 se puso en marcha la primera quesera y nacieron los quesos “El Salinerito”. Fue la primera instancia de lo que, a pesar de los abundantes cambios, sigue definiendo a esta cooperativa: La cooperativa es un intermediario entre los campesinos y el mercado, pero al servicio del pueblo, con lo que se evitan precios abusivamente bajos por parte de los compradores y los considerables margenes de ganancia del procesamiento de las materias primas agrícolas quedan dentro de la parroquia ( la parroquia esta formada por el pueblo de Salinas y las comunidades).

Vale la pena parar un instante a tomar conciencia de que el origen de esto a lo que todos llaman el desarrollo de esta comunidad esta en una deuda. El modelo basado en la agricultura de subsistencia se vuelve insuficiente en el preciso momento en que la economía de una sociedad se vuelve monetaria por imperativo, en este caso, bancario. El problema de las personas que viven con menos de un dolar al día surge cuando tienen algo que pagar: impuestos, el colegio de sus hijos o una deuda. La pobreza, como nos han enseñado a entenderla, no tiene tanto que ver con la ausencia de medios para una vida digna como con la necesidad de dinero. El proceso por el cual el dinero es cada vez más el medio inedudible para obtener aquello que de verdad satisface las necesidades, i.e. la monetarización, es un gran mecanismo creador de pobreza. Cuando una comunidad ya es pobre, ya tiene una deuda, ya necesita dinero, entonces sí, entonces necesita de la cooperación internacional y del desarrollo. Una muy pequeña parte del sector ayudador de los pobres contempla que si una comunidad se reconoce como pobre entonces hay dos vías: generar ingresos o avanzar en la autosuficiencia para necesitar menos dinero. [No me refiero solamente a una comunidad rural en las montañas de Ecuador, hablo también, por ejemplo, de tantos europeos que se cayeron de la clase media a santo de esta crisis ajena.]

Pero volvamos a Salinas de Guaranda. Así como las queseras procesan la leche que los campesinos venden a la cooperativa, la hilandería se creó con la idea de comprar y dar valor añadido a la lana de las ovejas y alpacas de Salinas y sus comunidades. Después vino la fabrica de confites (chocolates), la chanchera (granja de cerdos), la embutidora, los acopios (tiendas), la oficina de turismo, el hotel, los aceites esenciales, la asociación de mujeres tejedoras, la secadora de hongos y frutas, las hierbas medicinales e infusiones, las galletas de soja, el centro de expotaciones… hoy el Grupo Salinas es un grupo empresarial que factura 5 millones de dolares anuales.

Salinas de Guaranda visita de autoridades

En algunas de estas actividades reconoce uno características del cooperativismo clásico. La cooperativa de las queseras compra la leche a sus socios a precios favorables, y la cooperativa de ahorro y crédito se diferencia tanto o tan poco de un banco convencional como en otros lugares del mundo. En otros momentos de mi visita, lo que me resultaba evidente era la herencia cristiana de todo el proyecto: las fundaciones ofrecen servicios a la comunidad, desde la electrificación, carreteras, un hogar de adultos mayores, hogares juveniles para que los adolescentes de las comunidades puedan estudiar la secundaria y un para nada corto etcétera, y lo financian con actividades productivas que, además, generan puestos de trabajo. Otras partes del grupo salinas se parecen mucho a una empresa, como el centro de exportaciones, donde lo que cuenta es vender todo lo que se pueda con el mejor margen posible y en cambio otras actividades como la TEXAL, que es un grupo de mujeres tejedoras, tienen cierto aroma a proyecto más social que productivo, porque los beneficios pueden ser más de socialización y de empoderamiento desde un punto de vista de género, que por el ingreso que puedan generar las mujeres.

En todos estos casos, lo que he visto es una marcada jerarquía en que las responsabilidades y la gestión recaen en un grupo reducido de personas que no rotan. La iniciativa para la puesta en marcha de un nuevo proyecto no surge de la comunidad y tampoco ha habido procesos de traslado de la responsabilidad sobre un proyecto a los trabajadores o al pueblo. En el grupo salinas no podemos hablar de horizontalidad, ni de empresa comunitaria. La comunidad o los trabajadores no sienten el proyecto tan suyo como he podido ver en otros sitios, más bien la cosa se queda en agradecer un puesto de trabajo, un lugar donde vender la leche y la lana, la carretera… Un síntoma de ello es el poco interés de las nuevas generaciones en este proyecto y otro la proliferación de empresas familiares al margen de la cooperativa y nutridas de los conocimientos adquiridos gracias a ella.

Vuelvo a encontrarme con la pregunta de si esto le quita mérito al proyecto. Quizás, incluso, de otra manera no habría sido posible. Y aunque el modelo de gestión del proyecto diste mucho del ideal autogestionario, las características que diferencian a este complejo empresarial de una empresa al uso son también importantes.

Salinas de Guaranda

La primera, ya la he dicho arriba, que la empresa está pensada según las necesidades de la comunidad. En este caso, la empresa absorve las materias primas agrícolas locales.

Segundo, una cooperativa así está fuertemente arraigada al territorio. En otro lugar simplemente carece se sentido. El grupo Salinas nunca va a irse a hacer quesos a otra parte, ni va a comprar leche en otro sitio porque sea más barata. Las mujeres de la TEXAL seguirán trabajando con su hilo, el de la hilandería de Salinas, por mucho que se rompa de vez en cuando y la embutidora seguirá dedicandose a producir con los chanchos de la chanchera de Salinas. Los puestos de trabajo se seguirán generando en la parroquia Salinas.

Tercero, igual que la localización, hay muchos otros factores que pasan por delante de la eficiencia financiera. Tener una queserita en cada comunidad no es, seguramente, la manera más rentable de hacer queso, pero aquí lo que cuenta es generar 3-4 puestos de trabajo en cada comunidad, procesar la leche de estas vacas apartadas y generar una actividad productiva de la que, en este caso sí, más o menos, la comunidad se apropia. Lo que cuenta es aportar para una vida rural digna y ayudar a hacer factible la vida en la comunidad y en el pueblo sin tener que emigrar. La prueba más evidente de que la rentabilidad no es la vara de medir es que, de hecho, algunas de las actividad del grupo salinas son deficitarias, y se siguen manteniendo.

Lo que define a la economía social es que el único beneficio que se contempla no es el financiero. Son empresas que escapan de la lógica estrictamente capitalista y demuestran que otra manera de entender la economía es posible. En buscant llavors nos gusta que quien toma las decisiones no sea el dinero, ni los mercados, sino las personas. FUENTE ECONOMIA SOLIDARIA.ORG