Compartir

En la hacienda, la pobreza más grande era la falta de ser persona

Las barbas blancas cubren su mentón.

Una gorra que tapa del frío su cabellera, un paso ligero con el cual avanza a pesar de sus 70 y más años, caracterizan al padre Antonio Polo, el Italiano que llegó a Ecuador en 1970 y emprendió su misión en Salinas de Guaranda. Es el italiano que cambió el destino de Salinas de Guaranda y sus 34 comunidades.

Eso lo dice la gente.

Mi historia personal en Salinas se transforma poco a poco, es una historia bastante grande que inicia en el año de 1970”, así escribe Antonio Polo en las primeras páginas de su libro “La puerta abierta”. Entre líneas, el prelado escribe que, en el invierno de 1969-1970 frecuentaba la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad Salesiana, en Roma….
En Guaranda, Polo es un referente de la lucha y del trabajo por el cambio. Para los pobladores, la visión del salesiano permitió ingresar a un sistema de economía comunitario con visión de justicia e igualdad. Es más, consideran que fue él quien reforzó el trabajo para través de la Fiesta de Reyes las 34 comunidades participen, proyecten y mantengan sus rasgos culturales.

Cuando Antonio Polo, vestido de alba blanca-roja, sale a ofrecer la misa, los feligreses silencian. Cada palabra que pronuncia es una motivación. En la misa por la visita de los Reyes Magos a Belén, Polo en un ambiente de reflexión dijo: “en Salinas ¿qué somos: como los pastores que carecían de todo o cómo los reyes, los sabios que lo tenían todo?.

“A los pastores les faltaba todo, eran despreciados, vivían de una forma triste y pobre sin que nadie les diera lo mínimo para su vida, ni la consideración como seres humanos, y buscaron a Jesús. Los reyes lo tenían todo, una bonita casa donde vivían, un palacio, no les faltaba la comida ni el aprecio, hasta la tecnología de ese tiempo para ver el movimiento de las estrellas y también buscan a Jesús”.

Con esas palabras, Polo quería llegar a un punto clave, a meditar porque quizá, ahora la gente está un poco a medias, ya no tiene tanta necesidad apremiante, hasta tienen cierta consideración y la gente los busca y los visita.

Para Antonio, el mensaje de su homilía se centró en la importancia que la gente de Salinas analice sobre el sentimiento que surge a lo mejor al pasar de la pobreza más extrema a tener algo, a tener tecnología, comunicaciones y viajar y pensar que ya no necesita nada y Dios queda afuera; pues dentro de la fe, esa sería la tragedia más grande para Salinas, porque ya es la tragedia del mundo en general.

En una entrevista, el padre Antonio revela cómo fue el trabajo pastoral y de emprendimientos con las comunidades campesinas e indígenas de Salinas, que hoy son reconocidas en el mundo por sus productos lácteos, quesos especialmente; textiles, chocolates, entre otros.

Usted Llegó en 1970 Salinas. ¿Cuál era en ese entonces la realidad de Salinas y la visión de AntonioPolo?
En realidad, la situación era lo más deprimente que se puede imaginar, porque no era solo pobreza, era hacienda y en la hacienda la pobreza más grande es la falta de ser persona. Habían tantas cuadras, tantos animales y tantos indios, así se constituía una hacienda, y de esta situación nosotros hemos podido salir con la ayuda de Dios, con la ayuda de muchas personas y con la voluntad decidida del pueblo de tener otra clase de vida; en libertad pero no para pelear uno contra otro sino para caminar juntos para el desarrollo.

¿Cómo fue esa lucha para ponerse contra ese sistema de explotación?
No ha sido fácil, habían amenazas de mano armada, pero también hubo la ventaja de la Reforma Agraria. Los hacendados, cuando supieron que estábamos dispuestos a comprar la tierra que los habían arrebatado -porque monseñor Rada dijo compren, no invadan ni hagan con violencia, porque la violencia repercute al grupo que la ha provocado- el Fondo Ecuatoriano Populorum Progreso nos dio el préstamo y compramos la tierra, los hacendados Cordovéz se fueron muy felices de tener, encima de todo lo que habían aprovechado, un poco más de plata y dejarnos libre. Eso ha sido históricamente lo que se dio.

¿Habían líderes comunitarios, indígenas o fue la formación de Polo la que permitido ubicarse como líderes y dueños de su identidad?
En verdad bajo hacienda no podía haber liderazgo, había una voluntad decidida de la gente y con una expectativa de emprender un rumbo, porque al acabarse la hacienda hubo un vacío de qué hacer, porque en la hacienda todo estaba programado a través del mayordomo. Entonces había que inventarse todo y esta expectativa creo que facilitó, que desde la Misión Salesiana pudiéramos dar ciertas pautas, pautas que buscaban interpretar el anhelo; por ejemplo, eso de los quesos vino de la gente, porque bajo el patrón hacían los quesos Cordovéz, entonces empezamos con eso y el cooperativismo que monseñor Cándido Rada, que ha sido un líder escondido, inspirador a través de su pasión por el indígena, esas acciones hemos buscado interpretarlo. La gente estuvo muy abierta para esto y creo que ha sido el rumbo que nos ha permitido salir adelante.

¿Se implantó un proceso de formación académica a las nuevas generaciones?
Yo creo que nos hemos formado mutuamente en el trabajo, sobre todo en el trabajo comunitario. El trabajo comunitario educa porque obliga a ponerse de acuerdo, a compartir de cada uno la fuerza que dispone, a una administración transparente; todos esos valores hemos vivido juntos, aprendiendo unos de otros, porque sobre todo el aspecto comunitario no lo hemos traído desde afuera, ha sido lo que nos encantó de encontrar aquí. El padre nuestro y el nuestro pan de cada día no sólo pronunciado en la iglesia sino vivido en la realidad de cada día.

¿Usted llegó de una Europa aún devastada por la Segunda Guerra Mundial, en la época de la guerra fría; esa vivencia en carne propia la sintió cuando en América vio otro drama humano?
Usted lo ha tocado muy bien y creo que ésta expectativa de que no basta con salir de la pobreza, pero salir buscando valores, el bienestar económico en sí, no hace más feliz, hasta puede crear conflictos de los que hay en una población pobre; esa no es una razón para que gane la pobreza, pero sí de cuidarlo en salir de la pobreza y no caer en otra esclavitud, que es la esclavitud del tener, del prestigio, del poder, del placer que no hace felices. Esto ha sido una lucha que en los primeros años fue quizá más fácil, porque todo se construía en ese sentido. Ahí le damos, yo no pierdo la esperanza, usted ve que en esta fiesta (La Fiesta de Reyes) hay de todo y cada cual busca su espacio de fiesta pero aun hay puesto para Dios y los valores; y eso nos anima a seguir adelante.

Son tres generaciones con las que ha trabajado y trabaja: los que encontró, los que de ellos vinieron y los jóvenes. ¿Con los tres son procesos diferentes de trabajo?
Sí, los chicos poco se acuerdan y no han vivido lo de la choza, lo de la hacienda. Ellos han estudiado, están abiertos a toda la tecnología y mensajes del mundo. Por suerte, hay un aspecto que si les interesa mucho y es la naturaleza; ahora son los jóvenes lo que con la permacultura sienten que es un espacio donde ellos pueden dar su protagonismo, mientras que en los otros espacios sus papacitos y sus abuelos son quienes abrieron el camino.

¿Tienen la identidad panzalea, puruhá waranka, había que tener claro que todos somos iguales y nos caracterizamos por una cultura, una lengua?
En las primeras escuelas, nosotros lo hacíamos para fortalecer el kichwa, la parte indígena; pero nos dimos cuenta que el mensaje era otro, lo padres de familia querían que los hijos estudien para salir de una situación de inferioridad y poder dialogar; ese mensaje venía incluso de Riobamba, de monseñor Proaño, el indígena tenía que adueñarse de la herramienta, porque normalmente le tenían sumiso. Entonces, esto del mantenimiento de la lengua ha creado un poco de duda en el camino. En la liturgia tratamos lo más posible de mantenerlo, para que se sepan que Dios no hace preferencia porque sabemos la preferencia de Dios, pero en el lenguaje común, esto en gran parte, se ha perdido y no sé hasta que punto se podrá recuperar.

¿Usted vivió un verdadero proceso de intelectualidad en la zona?
Ha sido una vivencia. Falta reflexionar, recopilar documentos, crear este museo de la memoria, el “Salinas Yuyay”, que es el pensamiento de Salinas, que ha sido algo vivido desde el punto de vista del Padre nuestro, es decir, desde nosotros que veníamos de afuera nos encantó y que nos daba la gana de probar y ver hasta que punto si se puede vivir en nosotros y no en este yo que crea los conflictos, competencia e injusticias. Ahora creo que ha llegado el momento y que estamos a tiempo para reflexionar sobre el camino hecho, ver las partes débiles que quedaron para fortalecer y poner a disposición de quienes quieran, la experiencia realizada de salir de la pobreza juntos.

¿Quien seguirá con la idea y trabajo del padre Antonio Polo, tiene un sucesor de sus pasos?
Los salesianos no podemos tener sucesores que uno mismo designe, ahora mismo, en la comunidad de Simiato hay un joven futuro diácono y creo que la herencia se da en la medida en la que el pueblo de Salinas manifieste que esta forma de vivir el evangelio es la que Jesús ha querido, no en la forma que se quede en los ritos, en las celebraciones, sino en la vida; espero que la comunidad salinera transmita a cualquier padrecito que venga después mío, esto que recibí de monseñor Rada. (BSG)-(Intercultural).

FUENTE: EL MERCURIO