Compartir

Los bueno de ser rey en Salinas de Guaranda.

21 reyes y tres reinas; 24 reyes en total para homenajear al Niño Jesús. Todos vestían de rojo y dorado, colores con los que se les identifica a lo lejos. La gente ya sabe que el hombre o la mujer que lleva el atuendo compuesto por una camisa, pantalón, una capa larga y una corona es un rey y, que detrás de él vienen quienes lo acompañan.

Reyes adultos, reyes jóvenes, reyes hombres y reyes mujeres. Todos se parecen pero nadie es igual; cada uno movido por su fe entra al ritual de agradecimiento a Dios y en su nombre realizan algunas acciones.

Cada rey con su historia

Son reyes con su personalidad e identidad. Víctor Aníbal Gavilanes llegó desde Muldiahuan, del subtrópico de la provincia de Bolívar. Víctor era un rey por voluntad y dos razones le empujaron a cumplir con el papel: la primera, para no olvidar las costumbres de sus viejos, de sus abuelos, para seguir con lo que ellos dejaron en materia de cultura de Salinas; y la segunda, por fe.

El rey sabe que vestir de rojo es una de la tradiciones que dejaron sus ancestros; pero no sabe, por qué los abuelos definieron el rojo como el color del rey, esa vestimenta que se adorna de oropeles o randas de hilo dorado. Los brillantes significan que otrora, los reyes usaban coronas de oro; mientras los fulgurantes puntos de las capas, son el símbolo del oro y las piedras preciosas que hacen elegante el traje.
“Eso dice la historia, pero uno como es rey del campo, lo que ponemos es brillos de papelito y así quedamos como rey”, afirma Víctor, que habló con el padre Antonio Polo, y el sacerdote al ver el afán del hombre le regaló el atuendo para que siga siendo un rey.

Tanto le gusta vestirse de ese personaje, que este fue el quinto año que participó en la fiesta como el principal de su comunidad. “La costumbre nuestra es así, hacer quedar bien a la comunidad porque la parroquia nos ha pedido que mostremos a nuestros reyes y por eso estoy presente”; señala el rey Víctor.
Un gorro conífero con alegorías de la cruz católica, unos ganchos brillantes y un espejo formaban la corona. El espejo es el reflejo del sol, pero su luz es la guía para que el rey actúe de la mejor forma, esas cosas también son tradicionales de Salinas y de Muldiahuan.

Este era un rey sin caballo y sin banda, llegó al sitio de fiesta en carro y a pie. “Vengo del subtrópico y cómo voy a traer el caballo”, así se expresaba un soberano que tiene como objetivo enseñar a la juventud las costumbres y saberes de la gente.

Otro rey

El Rey de El Calvario era más sencillo. Una capa de franela que cubría su atuendo hecho del mismo material y una corona de estrellas verdes lo identificaba como tal. Como en El Calvario hace calor, porque se ubica a la cabecera de Echandía, en el subtrópico, Manuel Chizag decidió fusionar el traje occidental de rey con su identidad original de waranka.

“Siguiendo las culturas de mis nativos, de mis padres y abuelos que me enseñaron las costumbres y entre ellas la fiesta, este es el primer año que me presento ante mis compañeros de la comunidad, tal como lo hicieron los líderes”, eso lo deja bien claro el hombre menudo que con gusto cuenta el por qué de su decisión de ser un rey.

Llegar a Salinas desde El Calvario es un sacrificio y se lanzó a cumplir con el cometido, porque sus amigos lo motivaron a cumplir con el papel. “Ya era hora de acatar con esta parte del festival”, eso le dijeron a este rey, de casi 60 años, que llegó primero a Salinas, mientras sus acompañantes se reunieron más tarde en el lugar, porque se retasaron.

Una vez que este rey y sus vasallos culminaron con la tarea se dirigieron a su comunidad, donde el festejo continuaba; allá en El Calvario, Manuel pagó la misa en honor al Niño y se convirtió como en un prioste.
Organizarse para dejar en alto el nombre de su comunidad tomó al menos una semana completa; en ese tiempo, los miembros del cabildo coordinaron acciones como la compra de ropa, el viaje a realizar y determinó la comisión que acompañó a su presentación.

Los reyes de Salinas
La Fiesta de Reyes es un acontecimiento esperado por los Salineros. Cuando el rey no habla, lo hacen sus vasallos, ellos tienen una voz chillona y gutural. El Rey de Salinas cumplió con su mandato, por decirlo así; “esto de ser rey es bueno, pero sobre todo es una devoción al Niño”, dijo.

El rey-devoto o devoto-rey de Salinas tuvo una intención en particular que encomendar al Niño Jesús, la unión de todo el pueblo de Salinas para trabajar y llevar una existencia en paz. El traje que lució Jorge Escobar se la entregó el prioste, que es el jefe de la fiesta. Este rey estaba muy elegante, su traje, capa y pechera eran de terciopelo; su corona era barroca y muy elegante; con esos aspectos se ajustaba a lo que la tradición de Salinas lo pide.

Pero Jorge tenía además un pañuelo blanco sobre su cabeza y sobre él ceñida la corona. El rey no llevaba cetro; en sus brazos sostenía a su pequeña bebé que vestía de angelito.

Llegar desde Finlandia para ser un rey en Salinas, ese fue el esfuerzo de Juan Carlos Escobar, salinero que se casó con una europea y con el paso de los años decidió llegar a su suelo natal para compartir la tradición que lleva en su memoria y en su sangre.

“Yo sólo vengo por la fiesta, radico allá desde hace cinco años”, asevera Juan Carlos, para quien si algo no se pierde es la tradición y cultura del pueblo donde se nace. Respondiendo a ese principio llegó a su Salinas natal, donde por primera vez se vistió de rojo y, de esa forma activaba el mantener la cultura. “Ser salinero es mejor que ser tan sólo ecuatoriano”, decía con todo el gusto que le da reconocerse como un hijo de ese suelo.

El Rey de Las Mercedes se llamaba Francisco Masaranda. El hombre, un adulto mayor, por primera vez hizo el papel de rey. En sus recuerdos están latentes las fiestas de reyes que hacían sus padres y hermanos, este año le tocó el turno a él y con decisión enfrentó su tarea.

Luego de la fiesta, en la casa de Francisco estaba listo el banquete para su familia y amigos. Allá compartieron el alimento. El traje de rey le entregó el prioste o “dueño del Niño”. Su atuendo tenía todos los componentes de los demás reyes, pero añadía algo especial, la cruz católica roja. “Esto, desde lo que conozco, es la cruz de Dios, y todo lo que hago es por fe, pidiendo que la salud de una nieta que sanó de un cáncer, es la gratitud a Dios por un milagro”, dejó claro este rey.

Las reinas
Al frente de la mesa de celebración de la misa se sientan todos los reyes; es una especie de un medio ruedo completamente rojo con destellos de luz que salen del dorado de los hilos, de los papeles y de los espejos. Entre el conjunto de reyes estaban las tres reinas.

Belén Orgeta de 15 años, era una de ellas. La joven rompió el esquema de los reyes y enseñó cómo las mujeres también se apoderan del papel de rey para adorar al Hijo de Dios.

En Salinas y sus comunidades, las mujeres toman el papel de reinas, ellas saben que tienen que cumplir como lo hace cualquier rey; pero como dijo Belén, una joven estudiante: “Yo estoy aquí, sintiendo que sólo yo soy reina, y soy parte del desarrollo de la comunidad”.

Esta reina llevaba una corona femenina, que el fundador o prioste le dio. Como toda una joven de la cultura contemporánea, Belén llevaba un pantalón rojo y una chaqueta que ceñía su cintura, todo eso cubierto con una capa ancha, cuyos filos se sujetaban a la altura del pecho.

“Yo decidí ser reina”, eso decía con vos firme Mazabata Zulema, otra joven que fiel a las tradiciones de su tierra le gusta llevar el traje rojo en la fiesta de honor al Niño Dios. El padre de la joven fue rey por muchos años.

Este año la devoción de Zulema le llevó a pedir al Niño la salud de la familia. El Niño que llevaba esta reina tenía una capa elegante que le compró la fundadora Maclovia Eyme y su esposo Ángel Punina. Las fundadoras son como las priostas; ellas saben que a cada rey le acompañan sus vasallos.

Cerca de Belén estaba Cristian Toaquiza, adolescente de no más de 17 años, muchacho que encarnaba a un rey. En la familia de Cristian ser rey es una tradición, es un papel que todos tienen que cumplir.

Cristian era el único que no cumplía con el mandato y su turno fue ahora. Ver el traje, medirse, ajustarse y coordinar con los acompañantes fueron las tareas que más tiempo le tomó, previo a cumplir su papel. Y le tomó tiempo, porque el traje se confeccionó en su casa.

Hacerlo con sus propias manos le dio un toque especial al atuendo; era un ropaje con muchos espejos que de pronto reflejaba algunos destellos del caprichoso sol que se ocultaba entre las nubes del páramo. “Nosotros aquí nos estamos presentando. Somos de Tigreurco, cerca de Echandía. Yo estudio en Ambato y mi intención es mantener esta cultura”, ese es el pensamiento del joven.

Ser un rey exige el compromiso de responsabilidad de la fiesta y de la vida, eso dice Segundo Carlos Puquiza de 46 años, que vino desde Chaupi Guayama, una comunidad al frente de Matiavi, y que por más de 20 años participa en esta fiesta. Vasallos cómicos, reyes en caballo, una fiesta de color y ritmo que durante dos días agita a Salinas; así es la Fiesta de los Reyes. (BSG)-(Intercultural).

FUENTE: EL MERCURIO