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La Historia Sagrada representada desde la cosmovisión andina

Herodes se enfrenta a los Reyes magos, emperadores, embajadores, vasallos y más personajes que acuden hasta el palacio para solicitar permiso de ir a Belén a visitar a Jesús recién nacido, el nuevo rey que viene desde el cielo.

Una procesión con el Niño en brazos recorre el pequeño poblado. La reina lleva la sagrada imagen en sus brazos. Avanza el desfile y de un zaguán sale un hombre de túnica púrpura y capa plateada. El traje brilla y aunque el día es sombroso se ven destellos.

La gente sabe que el hombre de plata y púrpura es el Rey Herodes. Y lo sabe porque lleva un traje similar a lo que las sagradas escritras describen y cuentan de su personalidad; además porque en su cabeza lleva una corona brillante que no es de oro; es de color verde con muchas piedras brillantes doradas.

Herodes tiene un aire de grandeza, como lo es un rey, como lo perfilan las sagradas escrituras. Un caballo blanco le espera para llevarlo al sitio de concentración de su pueblo, al lugar donde los Reyes Magos le pedirán permiso para ir a Belén a adorar a un rey que ha nacido, al Niño Jesús.

El Rey no ríe. Toma la delantera en el desfile, detrás de él vienen sus soldados y otros personajes. Mientras la muchedumbre camina, las bandas tocan villancicos y los vasallos hacen de las suyas.

Aprovechando que la muchedumbre anda por las calles, en una de las esquinas de la casa más grande del centro de Salinas, la sede de FUNORSAL, se instala el escenario que es el trono del rey. Desde el alto, Herodes se dirigirá al pueblo y decidirá si deja o no pasar a Baltazar, Melchor y Gaspar para Belén, los reyes magos que van adorar al hijo de Dios recién nacido, guiados por la estrella de oriente.

Cuando el rey y los demás personajes llegan empieza el reto, Herodes versus Reyes Magos y seguidores. En Salinas, los organizadores de la Fiesta de Reyes tienen estructurado el guión para la escenificación que involucra a 30 personajes, cada uno en su momento y con su acción.

La representación

Las figuras que allí se presentan se dividen en dos grupos: las que son parte del grupo del ángel; y las que integran el grupo de Herodes. Dentro de ellas están aquellas que señala el pasaje bíblico del nacimiento de Jesús en Belén y las que surgen de las tradiciones de las comunidades y desde las creencias andinas.

Así en el primer grupo, en el del ángel están: el Ángel, los reyes Melchor, Gaspar y Baltazar; los Embajadores, uno, dos, tres y cuatro; los Doctores uno y dos; la Virgen, San José; el Indio, la India y el Indio brujo. Mientras en el segundo grupo se encuentran: Emperador, Ministro, Coronel Herodiana, Reina, Princesa, Singo, Secretario, Mariduenho, Manatin, Patrón, Negra, Samaritano y el Diablo.

Cuando el rey llega a su trono, los vasallos hacen mil y un travesuras para acabar con él. El escenario desde donde Herodes se dirige al pueblo es tan alto, de tal forma que ninguno de sus enemigos, los aliados de los reyes magos, puedan alcanzarlo, de ser así significaría su fin.

Los vasallos llevan atuendos de osos, de monos, de leones. Cada uno porta un machete o un fuete. Cuando el enfrentamiento entre Herodes y los súbditos empieza, los presentes no tienen que invadir el espacio, la pequeña plaza que tiene una alfombra de viruta es de los vasallos, reyes y emperadores.

Herodes no está solo en su silla. Su vigilante y defensa es un súbdito que, ante cualquier iniciativa de los vasallos de llegar al trono a la silla real, los espanta con agua. Varias botellas de líquido frío se vacían en ese intento.

Tal es la rabia de los vasallos y el deseo de tumbar al rey, que se las ingenian las mil y un formas para hacer tambalear el escenario. Uno de los monos toma un pedazo de hierro y escarba en el cimiento del pilar derecho. El oso apoya esa iniciativa cumpliendo una labor similar en el cimiento del pilar izquierdo. Mientras los dos se esfuerzan en ello, otros vasallos lanzan latigazos que puedan alcanzar y castigar al rey.

Herodes serio y enérgico
Herodes es enérgico, la sonrisa no se dibuja en su rostro. Cuando el rey nota la presencia de la multitud toma un micrófono y pregunta a viva voz, “¿Qué vientos y qué rumores, que disturbios sin igual/ de dónde viene toda esta gente acá a las salidas?/ Sonad pues las trompetas y que se reúna el consejo/ a presentar con sus armas/ todos en este momento… Hoy siento mi paz turbada y sin sosiego he estado/ alborozada toda esta gente/ todo veo empolvado…”.

Esas son las primeras partes de una larga representación teatral-religiosa-criolla que durante horas se realiza en la esquina de las calles céntricas, al frente del templo parroquial de Salinas A Herodes no le intimida nada, ni el trabajo de los vasallos por virar los pilares de su trono.

Para él toda esa concentración a lo mejor responde a: “Alguna traición que un mal intencionado/ que con aquella facción (pandilla) se halla inquieto mi corazón/ Esta noche todo en mí/ era un continuo sufrir y en mi lecho de dormir ha sido una desdicha en mi. Adelanto secretario/ secretario de mi confianza/ defiendes mi martirio y ante todo mi esperanza/ Diles que se presenten sin temor ni descontento/ a todos los que aquí vengan los recibiré con mucho afecto. ¡Arriba! ¡todos arriba! ¿qué es lo que quieren hablar? Sino entiende ustedes plebeyes/ pues aquí nos van a entender.”

Con esas palabras, el rey da paso a los líderes de la revuelta que espera con ansias oír a su emperador. “Buenos días Rey Herodes gobernador de este Estado/ me place saludarte por primera autoridad…/ Soy el hijo de mi jefe….En Belén ha nacido con humilde/ alabemos a los ángeles del cielo. Allá se encuentra el monarca y venimos del otro lado para comenzar nuestro viaje… ¿Qué dices Herodes?/”, esa es la petición del Embajador que abre lo que será más tarde una discusión con desenlace de fiesta.

Todo el diálogo se ha escrito en verso y rima. Los del grupo de los ángeles saben de memoria las estrofas a declamar; mientras Herodes se apoya con un guión que lleva bajo su capa. Embajadores y emperadores declaman desde su caballo. La gente los ovaciona por su destreza de hacer dos cosas a la vez; dominan al corcel y retan al rey con su pedido.

Mientras declaman, el capitán eleva la bandera que flamea al viento del medio día. Cada comunidadtiene su espacio de tiempo para presentarse, pero cada comunidad tiene una parte del guión. El momento que esa parte de la historia termina, quienes están en escena se retiran y de inmediato entra otro rey con sus vasallos.

Las locuras de los vasallos

Cada vasallo es más loco que otro. Estos personajes se caracterizan por lo intrépidos, algunos se cuelgan de los travesaños del escenario y hacen todo el esfuerzo para llegar a la silla del rey. Lanzarles agua y más agua, impedir que toquen la túnica del soberano eso es lo que hace el soldado vigilante de Herodes que no lleva traje de soldado, sino de un ciudadano común y corriente.

Es de ver como la gente que se congrega en la plaza central goza de la representación bíblica. Los que desconocen las reglas del juego, son quienes se llevan la sanción de los vasallos; algunas jovencitas, especialmente, que se atrevieron a cruzar la alfombra de virutas, son las perseguidas para recibir su castigo. Las chiquillas ríen, gritan y corriendo tratan de escapar del lugar.

Herodes es uno, los peticionarios para pasar a Belén son varios. “¿Quien paso te ha dado/ para que tu entres porfiado ante este mi gran reinado?/ No sabes que yo soy Herodes, Herodes Coronado…”.

La propuesta representativa se divide en varios actos. 76 páginas que empiezan con la petición de permiso al rey, continúa con el encuentro del Ángel con los reyes, el ángel por una esquina y los reyes por otra, con la barrida, acompañantes y voladores. Luego de ello viene la historia de los Reyes Magos en cinco actos y en el que participan 30 personas.

Desarrollar esta historia es el punto central del encuentro, el seis de enero, personajes sagrados y tradicionales viven la fiesta que se desenvuelve entre el rito católico y la algarabía del pueblo. (BSG)-(Intercultural).

FUENTE: EL MERCURIO